El oficio de hacer Marketing

Bruno

Dentro del espectro de oficios que uno puede elegir, hay unos cuantos que gozan de mucha reverencia y prestigio en el imaginario colectivo, se me vienen a la mente los de médicos, abogados, militares (este me parece absurdo), sacerdotes (bueno últimamente ya no tanto).

Luego están otros oficios que casi, casi se sienten como inmorales, reservados para mentirosos y charlatanes, por ejemplo los vendedores de cualquier cosa, los políticos y los publicistas, mercadólogos y marketeros. No me refiero a quienes montan pinturas dentro de un rectángulo de madera.  

Más allá de las diferencias conceptuales en los términos que definen a aquellos que nos dedicamos al oficio de hacer marketing , lo que quiero exponer en estas líneas es una defensa, un derecho a réplica de la actividad que enseño y desempeño día tras día, que pone la comida en mi nevera y llena mi espíritu e intelecto: la de mercadear un producto o servicio.


Son muchos los que han acudido a la empresa que dirijo buscando una solución para mejorar sus negocios, personas que viven el drama de ofrecer un gran servicio o vender un súper producto, pero que son muy ineficientes comunicando eso que hacen.

También están aquellos que sumergen a sus familias en la desesperación después de inversiones publicitarias desorganizadas y desmedidas, llevando sus hogares a la bancarrota y, que con un pequeño esfuerzo y las herramientas adecuadas, sacan adelante sus negocios, ganando prosperidad, confianza y finalmente paz.

Son muchas las satisfacciones las que otorga mi oficio cuando se hace bien, cuando se habla claro y cuando se evita crear expectativas desmesuradas.

Una de las políticas que implementé desde el comienzo en mi agencia fue la de solo tomar aquellos clientes que realmente tuvieran una posibilidad de hacer crecer su negocio con estrategias de mercadeo o de publicidad. Muchos empresarios por diferentes factores aún no están preparados para la publicidad, regularmente porque les faltan otros ingredientes y muchas veces no están dispuestos o no pueden incluirlos.

Me gusta verme como un médico (correctivo o preventivo) de negocios, que permite a los emprendedores orientar bien sus esfuerzos de conceptualización, valoración y comunicación de sus propuestas, para evitar los dramas económicos que enferman la salud mental y espiritual de los seres humanos detrás de las empresas que no triunfan por lo que les falta o les sobra.

Así que la próxima vez que pienses en el publicista como un charlatán, recuerda que a los ingenieros también se les cayó el puente en la F.I.U., que cada profesión tiene sus buenos, regulares y malos practicantes, y que el oficio de comunicar las bondades de un emprendimiento salva vidas, familias y hace realidad los sueños de quienes se atreven a materializarlos a través del inmenso sacrificio que supone ser emprendedor.

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